martes, 25 de septiembre de 2007

Cuando la gente no sabe renunciar

Renunciar cuando se debe renunciar, es algo a lo que no están acostumbrados ciertos políticos.
En el Perú, tenemos ahora el caso del señor ministro de salud.
Se le ha pedido en todos los tonos que renuncie. Se le ha invocado a través de los medios. Se le ha recomendado que lo haga, pero hasta ahora continua imperturbable en su despacho. Y la verdad es que no se trata de algo de la menor importancia. Lo que ha ocurrido, sencillamente no debió ocurrir nunca.
No es que pretenda hacerme el suceptible, estoy seguro que a cualquiera lo indigna. Uno acude a los centros hospitalarios en busca de consejo y ayuda para proteger la salud. No para enfermarse, ni para poner en peligro su vida. Después de todo, se supone que en esos lugares, están los profesionales de la salud. Pero qué sucede cuando esos funcionarios, no actúan con la diligencia y cuidado que deberían hacerlo. Uno puede recibir una atención equivocada. Se puede ser víctima de una negligencia criminal inexcusable, como fue el caso de la señora que resultó infectada con VIH, después de recibir una transfusión de sangre en un hospital del estado.
Señor ministro, la gente no se va a olvidar. Todos vamos a exigir su renuncia.

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