miércoles, 3 de octubre de 2007

Sentimos como si nos hubieran cambiado el libreto

Las cosas son como son y no como nos gustaría que fuesen. El que las cosas nos gusten o nos gusten, esa ya es otra cuestión. Es como habría dicho mi abuela: harina de otro costal.
Entender esa sutil diferencia, entre la realidad concreta y nuestros deseos, es una verdad de Perogrullo que con frecuencia nos cuesta mucho aceptar. No porque sea muy difícil, sino porque estamos acostumbrados a pensar así.
Vivimos en un mundo de ideas preconcebidas y hemos registrado en nuestra memoria, todo tipo de creencias que se reflejan en las actividades que hacemos o dejamos de hacer.
Estamos tan acostumbrados a que las cosas sean de una manera y no de otra, que cada vez que se producen situaciones distintas a las que esperamos, tenemos la sensación de que nos hubieran cambiado el libreto, y en principio no sabemos que hacer ante las nuevas circunstancias. Cuando eso sucede, no dudamos y optamos por escoger lo más sencillo. Creo que más fácil nos resulta rechazar lo novedoso. Estoy convencido de que estamos predispuestos a decir no, casi como una respuesta de tipo cultural. Siempre será más complicado encontrar lo positivo a la nueva situación.

No hay comentarios: