Los habitantes de Lima, estamos acostumbrados a perder el tiempo. Hay mil maneras de que eso ocurra. No se trata de una decisión personal que nos agrade. En la mayoría de los casos, nos vemos obligados a aceptar una determinación impuesta por las autoridades.
Tal como suceden las cosas, a veces siento, como si estuviéramos participando en la construcción tardía, de una cultura de la irresponsabilidad.
Aunque debemos reconocer, que sin mucho esfuerzo, las autoridades han superado cualquier expectativa. Han logrado desplegar toda su inventiva y creatividad, para idear nuevas modalidades que nos hagan perder el tiempo, sin considerar, ninguna limitación y de manera ordenada y en forma sistemática.
Por ejemplo, el día del censo, se dispuso que la población permaneciera diez horas dentro de sus casas. Es decir, el mismo tiempo que iban a emplear los encuestadores en recoger la información requerida. No importaba si a uno, ya lo hubiesen censado. Había que cumplir la orden de las autoridades y no salir a la calle.
Por más que se reclamó esa determinación, que de hecho, constituía un evidente abuso de autoridad, nadie hizo nada y las cosas siguieron su rumbo, como si se tratara de lo más común del mundo.
Pero para que no quede la menor duda de que lo anterior no es un hecho aislado y singular, he visto en el diario El Comercio que las colas de vehículos, cuyos propietarios quieren cumplir con las disposiciones sobre “Revisiones Técnicas”, habían alcanzado una longitud de siete kilómetros. No es una exageración. A lo largo de siete kilómetros, había vehículos esperando su turno para pasar una revisión técnica.
La noticia referida, nos envía dos claros mensajes. El primero, pone de manifiesto que la población está dispuesta a cumplir con las normas y disposiciones de las autoridades gubernamentales y municipales, sacrificando su tiempo, su dinero y su paciencia.
El segundo, es que las autoridades no tienen ningún respeto por la ciudadanía. Una cola de vehículos que alcanza esa longitud, no sólo resulta un despropósito, sino una muestra de ineficiencia y desdén que deberían ser corregidas de inmediato.
Aunque he mirado con detenimiento la foto y la noticia, como ya se ha hecho costumbre, el señor alcalde de Lima, no aparece por ningún lado y en consecuencia, no hay quien pueda explicar lo inexplicable.
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