lunes, 5 de noviembre de 2007

El presidente García acusado de seducción


Alan García siempre ha tenido fama de ser un galán inmoderado. Se dice que con poca discreción ha transitado por las arenas movedizas de la infidelidad y ha incrementado su descendencia fuera del matrimonio, con un hijo nacido de su relación con una “dama de altas cualidades”.

Nunca habíamos deseado tocar ese tema, porque la vida privada de las personas no debe ser expuesta al conocimiento del público. La vida doméstica del presidente, pertenece a esa categoría y al no tener carácter oficial, sólo debería interesarle a él, y a su familia. He consignado la información sobre su último heredero, pues el presidente oficialmente lo ha admitido.

Sin embargo, la noticia de que un abogado aprista ha interpuesto una denuncia, al presidente de la república por presunto acoso a su esposa; no tiene precedentes en los tribunales peruanos. El agraviado, considera, que sus hijos y él, han sufrido un daño moral irreversible, por lo que están solicitando una indemnización.

Que se trate de un caso judicial, me ha animado a expresar mi opinión sobre este tema.

En primer lugar debo aclarar, que desconozco si desde un punto de vista legal, la denuncia es procedente. Pero desde una perspectiva de carácter moral tiene más de un asidero y no voy a entrar en detalles, porque todo el mundo sabe a lo que me refiero.

Las instancias judiciales se encargarán de determinar si el presidente ha incurrido en alguna falta o delito, o si sus acciones han puesto en peligro el honor del denunciante y su familia. En estos momentos, no tengo la menor idea, si el denunciado recibirá algún tipo de sanción, o si los magistrados encargados del caso se atreverán a sancionarlo. Pero de lo que no me queda la menor duda, es que el presidente algo debe haber hecho, para que lo acusen de lo que lo han acusado.

Quizá alguien debería decirle que debe moderarse en sus afanes, pues no es ningún triorquido que anda suelto en plaza.

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