En otra oportunidad he escrito sobre el colegio que con todo su equipamiento, y con capacidad para 1300 alumnos había construido con su propio peculio en la zona de Pamplona (uno de los lugares mas pobres de Lima) un misterioso señor Isaac. Precisé que la única condición exigida por tan generoso donante, era que el centro de enseñanza fuese dirigido por la institución educativa Fe y Alegría.
Sin embargo, he leído en el diario
La verdad es que este tipo de cosas ya ni siquiera nos sorprenden. La indignación que nos invade consume nuestra energía sin redituar provecho alguno.
Percibimos que el espíritu burocrático domina todas las actividades de la vida nacional. Lo que puede suceder en estos casos, es que al final de la historia, algo más puede perderse y no hay quien asuma esa responsabilidad.
Es una verdadera lastima que esto suceda. Que un problema burocrático menor, ponga en riesgo una inversión tan grande. Es que acaso somos tan pobres diablos que no se nos mueve un pelo cuando mil trescientos alumnos pueden perder la oportunidad de estudiar en un colegio digno y confortable.
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