Por eso nos oponemos decididamente a la actividad delictiva dedicada al secuestro de personas. No se trata de secuestros buenos y secuestros malos. Lo único que podemos decir es que son secuestros y que constituyen una actividad delictiva que condenamos cualquiera sea su origen o su pretendida justificación. Lo que tenemos muy claro es que un secuestro es un crimen de lesa humanidad. En este caso no importa quienes son los autores de un secuestro. Lo que en realidad tiene que resaltarse es el hecho que se ha cometido un delito, y que la sociedad tiene la obligación de sancionar a sus autores, de la manera más drástica posible.
Da lo mismo, si los que realizan el secuestro, son delincuentes comunes, grupos alzados en armas, guerrilleros, paramilitares, o lo que sea. Secuestrar personas es uno de los crímenes más horrendos que existen. Nadie está autorizado para hacerlo. Ninguna circunstancia puede justificarlo. Siempre hemos pensado así, y seguiremos pensando de la misma manera.
Por eso, es un abuso incalificable que las FARC mantengan secuestrada a tanta gente, durante tanto tiempo, en situación tan precaria, como se observa en la fotografía de la señora Ingrid Betancourt, cuya injustificada detención, así como la todos los rehenes es una ofensa al género humano.
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